Arranca el viaje con nervios, sabiendo que es el gran objetivo del año y el último. Este viaje llega después de un proceso de recuperación por una problemática de salud manifestada a principios de este año. Como siempre, mi familia me apoya y me acompaña, son sin duda mi sostén y mi guía. Disfrutar de compartir este tipo de viajes es un privilegio.
Este viaje nos lleva hacia un lugar desconocido, pero con muchas ansias de conocerlo. No solo es un lugar importante en el cordón petrolero de nuestra costa patagónica, sino que también tiene un significado especial, ya que fue un lugar estratégico donde nuestros soldados hicieron base antes de partir a luchar por nuestras Islas Malvinas.
Nuestro primer destino es el aeropuerto de Rosario, que curiosamente lleva el nombre de Islas Malvinas. Nos acompañó en este inicio mi hermano de la vida, el Negro Jara.
Despachamos nuestras valijas, hicimos el check-in y embarcamos, listos para despegar hacia Buenos Aires.
Durante la escala en Buenos Aires, pude compartir unos hermosos momentos con mi esposa e hijos, charlando, tomando mates y riendo.
A las 23:30 del mismo jueves, volamos hacia Comodoro Rivadavia en el vuelo 1824 de Aerolíneas Argentinas. Al llegar a este destino, pudimos apreciar lo que nos esperaba: ¡mucho viento! El avión tuvo algunos movimientos producto de esta condición, pero finalmente aterrizamos y pudimos recoger nuestras valijas.
A través de la app Uber, pedimos un auto que nos llevó hasta nuestro departamento ubicado en Av. Ducos Nº1165. En el camino, ya pudimos comenzar a apreciar la impronta petrolera del lugar, pasando por el costado del Barrio Ing. Mosconi, donde se encuentran casi todos los edificios relacionados con esta actividad. Pero lo más llamativo fue pasar por los pies del Cerro Chenque, una verdadera hermosura.
Finalmente, nos dejaron en nuestro nuevo y transitorio hogar, listos para descansar y dormir, ya que nos esperaban unos días de muchas actividades e intensidad.


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